Taller · Transformación
Su empresa ya le está hablando
Los datos que necesita para dirigir ya existen dentro de su negocio. El problema no es recogerlos, es que están en siete sitios que no se hablan.
- Duración
- 3 horas
- Modalidad
- Presencial · Virtual
- Participantes
- De 6 a 20 participantes
- Inversión
- Solicitar propuesta
La inversión depende del alcance, el número de participantes y la modalidad. Preparamos una propuesta sin compromiso.
El problema que resuelve
Un dueño que quiere saber cómo va su negocio suele tener que pedirlo. Le pide una cifra a administración, otra al sistema de facturación, otra al contable, y las junta a mano. Cuando la respuesta llega, ya cambió, y el esfuerzo fue tan alto que no se repetirá hasta que haya un susto. Mientras tanto se dirige por intuición: el cliente que dejó de comprar se nota cuando ya se fue, y la reunión mensual se va en discutir cuál de dos informes sobre lo mismo tiene la cifra correcta.
La causa no es falta de datos: es que cada dato vive donde lo dejó el proceso que lo generó, y nadie decidió nunca qué preguntas debía poder contestar la empresa sin pedir permiso a nadie. El costo se paga en horas de gerentes que arman informes en lugar de leerlos, en decisiones que se toman tarde o a ciegas, y en una dependencia arriesgada de la única persona que sabe de dónde sale cada número.
Por eso el primer intento de resolverlo casi siempre falla. Se compra una herramienta, se conecta a lo que hay, y se produce un tablero bonito que responde preguntas que nadie hacía. Al poco tiempo el tablero se abandona, las hojas hechas a mano regresan, y la organización concluye que su información no da para más, cuando lo que nunca hizo fue decidir qué quería saber.
De qué trata
El orden de trabajo es el contrario del habitual. En vez de empezar por los sistemas, empieza por las preguntas: qué necesita poder contestar usted un martes cualquiera sin llamar a nadie. Esa lista, escrita y corta, es lo que después determina qué se conecta y qué no. El ángulo es deliberadamente el del dueño y no el del técnico, porque decidir qué debe saber la empresa es una decisión de dirección que ninguna herramienta puede tomar por usted.
Después se trabaja el origen. Para cada pregunta se identifica dónde nace el dato, quién lo introduce, con qué frecuencia y qué tan confiable es hoy. Aquí aparece el hallazgo que ordena el resto: casi siempre hay una o dos preguntas cuya respuesta no existe todavía porque nadie captura el dato, y eso es un problema de proceso, no de tecnología. La distinción importa porque cada problema se atiende en un sitio distinto. Un dato que existe pero está disperso pide conectarse; un dato que nadie captura pide cambiar quién anota qué y cuándo; y un dato que se captura mal pide corregir el proceso antes de mostrarlo en cualquier pantalla.
Cada participante escribe sus propias preguntas y las afina hasta que puedan contestarse de verdad: «¿cómo vamos?» no es una pregunta, mientras que «¿qué clientes no han comprado nada este trimestre?» sí lo es. Luego traza, pregunta por pregunta, la cadena que va de la cifra al sistema y del sistema a la persona que la genera, y cuando dos informes de lo mismo no coinciden, aprende a buscar el paso en que se separan en lugar de discutir cuál tiene razón. La última parte es la que evita el tablero muerto: quién mira qué, cada cuánto, y qué conversación se tiene cuando un número se sale de lo esperado. Un tablero que nadie tiene la obligación de abrir es un gasto con buena presentación.
Se sale con algo más que una lista de deseos: las preguntas de dirección por escrito, el origen de cada una con su dato, su sistema y su responsable, un orden para conectar lo que falta y un ritmo de revisión con nombres y umbrales. Para ALUD, esa cadena entre la pregunta del dueño y la persona que captura el dato es el punto de partida de su trabajo en Inteligencia de Negocio, antes que cualquier tablero.
Qué aprenderán
- Escribir la lista corta de preguntas que la empresa debe poder contestar siempre.
- Rastrear cada pregunta hasta el dato que la contesta y hasta quien lo genera.
- Distinguir un problema de datos de un problema de proceso.
- Decidir qué se conecta primero y qué puede esperar.
- Definir quién mira, cada cuánto, y qué pasa cuando un número se sale de rango.
Temario
- Empezar por las preguntas, no por los sistemas
- Dónde nace cada dato y quién lo introduce
- Preguntas que hoy no tienen respuesta porque nadie captura el dato
- Confiabilidad: qué tan cierto es lo que ya tiene
- Qué conectar primero y con qué criterio
- Un tablero con obligación de mirarse
- Cuando dos informes de lo mismo no coinciden
- El paso de ver a decidir: qué conversación dispara cada número
Con qué sale la organización
- Una lista escrita y corta de preguntas de dirección.
- Un mapa de origen por cada pregunta: dato, sistema y responsable.
- Una lista priorizada de qué conectar primero.
- Un ritmo de revisión con responsables y umbrales definidos.
Detalles del programa
- Formato
- Taller
- También disponible como
- Charla ejecutiva · Taller intensivo · Jornada corporativa
- Idiomas
- Español · English
- Incluye
- Manual del participante
- Plan de acción
- Recursos posteriores
- Facilitación
- ALUD Consulting LLC — Global Business Transformation.
Para quién es
- Dueños que piden cifras y las esperan días.
- Gerentes que arman informes a mano cada mes.
- Empresas que ya compraron una herramienta y no la usan.
- Equipos de dirección que discuten sobre cifras que no coinciden.
Preguntas frecuentes
- ¿Hay que comprar algo para que esto sirva?
- No, y esa es la posición de ALUD: el proceso se decide antes que la herramienta. Buena parte de lo que se descubre aquí se resuelve cambiando quién captura qué y cuándo, sin software nuevo.
- ¿Esto es lo mismo que el taller de KPIs para gerentes?
- No. Aquel decide qué indicadores llevar y con qué umbral; este decide de dónde sale el número y si se puede confiar en él. Son consecutivos, y este suele ser el que falta.
- ¿Sirve si nuestros datos están desordenados?
- Es el punto de partida más común. El desorden no impide empezar; lo que impide empezar es no haber decidido qué preguntas importan, porque entonces todo parece igual de urgente.
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