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Taller intensivo · Transformación

Dónde vive cada dato

Antes de conectar sistemas hay que decidir cuál manda sobre cada cosa, quién puede crearla, quién puede corregirla y qué se hace cuando dos versiones no coinciden.

Duración
3 horas 30 min
Modalidad
Presencial · Virtual
Participantes
De 8 a 20 participantes
Inversión
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El problema que resuelve

El nombre de un cliente está escrito de cuatro maneras distintas en los sistemas que la empresa usa todos los días, y ninguna de las cuatro está equivocada. Cada área creó su registro cuando lo necesitó y lo definió para su propio trabajo.

Para ventas un cliente es quien firma; para despacho es la dirección donde se entrega; para contabilidad es quien paga. Las tres definiciones funcionan dentro de su área y ninguna sirve para hablar con las otras. Cuando alguien pregunta cuántos clientes activos tiene la empresa, la respuesta depende de a quién se le pregunte, y la reunión se convierte en una negociación sobre definiciones en vez de una decisión. Mientras tanto, cada área mantiene su propia corrección: se actualiza una dirección en un sitio y sigue vieja en los otros tres, sin que nadie sepa cuál de los cuatro registros consultará la próxima persona.

Conectar los sistemas en ese estado no resuelve el fondo. Sin una decisión previa sobre cuál registro manda para cada cosa y quién mantiene cada campo, una conexión no reconcilia nada: reparte la misma discrepancia por más sitios y la vuelve más difícil de localizar. Y cuando un dato queda mal en dos lugares a la vez, no hay a quién preguntarle, porque nunca se nombró a nadie.

De qué trata

El taller empieza por el inventario, que casi siempre sorprende. En un ejercicio de grupo, los participantes listan las entidades de las que su empresa habla todos los días, cliente, producto o servicio, empleado, pedido, suplidor, y después escriben todos los lugares donde cada una se registra hoy, incluidas las hojas de cálculo personales, los formularios y la libreta de alguien. La lista suele ser más larga de lo que el grupo esperaba, y su tamaño ya explica buena parte de las discusiones internas.

La segunda parte es la más difícil y la que más resuelve: la definición. Antes de decidir qué sistema manda, el grupo tiene que acordar qué es cada cosa. Con una hoja de trabajo se redacta la definición de cada entidad en una frase que todas las áreas puedan firmar, y se nombran las excepciones en lugar de esconderlas, porque una definición sin excepciones declaradas se rompe en el primer caso raro. Aquí es donde se descubre que varias discusiones que parecían de sistemas eran discusiones de criterio.

La tercera parte asigna responsabilidad. Para cada entidad se determina cuál es el sistema de origen, en qué dirección viaja la información hacia los demás, quién puede crear un registro, quién puede corregirlo y quién solo lo consulta. Después se baja al nivel del campo, que es donde ocurren los conflictos reales: el área que fija el precio no es la que fija la dirección de entrega, y conviene que eso esté escrito antes de que alguien lo sobrescriba.

El cierre trata el acuerdo de intercambio y una decisión que pocos grupos esperan: no todo silo debe eliminarse. Para cada conexión candidata se define qué se envía, en qué momento, qué ocurre cuando falla y quién se entera, y se compara esa opción con una reconciliación periódica hecha por una persona con nombre, que en algunos casos es el diseño correcto. Mediante planificación de acciones, el grupo prioriza qué conexión conviene primero y cuáles conviene no construir todavía.

Qué aprenderán

  • Identificar todas las ubicaciones donde hoy se registra cada entidad del negocio, incluidas las que están fuera de los sistemas oficiales.
  • Desarrollar una definición de cada entidad que las áreas involucradas puedan firmar, con sus excepciones declaradas.
  • Diseñar el mapa de sistema de origen y dirección del flujo para cada entidad del negocio.
  • Asignar responsabilidad a nivel de campo: quién crea, quién corrige y quién solo consulta.
  • Evaluar cuándo una conexión entre sistemas es la solución y cuándo lo es una reconciliación periódica con dueño.

Temario

  1. Inventario de entidades y de todos los lugares donde se registran
  2. Definiciones que cada área da por obvias y que no coinciden
  3. Excepciones declaradas: por qué una definición sin ellas se rompe
  4. Sistema de origen por entidad y dirección del flujo
  5. Responsabilidad a nivel de campo: crear, corregir y consultar
  6. El acuerdo de intercambio: qué se envía, cuándo y qué pasa si falla
  7. Silos que conviene conservar y reconciliaciones con dueño
  8. Qué conexión construir primero y cuál posponer

Con qué sale la organización

  • Un inventario escrito de las entidades del negocio y de todos los lugares donde hoy se registran.
  • Una definición acordada de cada entidad, con las excepciones nombradas y las áreas que la firman.
  • Un cuadro de sistema de origen y de responsabilidad por campo: quién crea, quién corrige y quién consulta.
  • Una lista priorizada de conexiones con el acuerdo de qué se envía, cuándo y quién se entera si falla.

Detalles del programa

Formato
Taller intensivo
También disponible como
Taller · Jornada corporativa
Idiomas
Español · English
Incluye
  • Manual del participante
  • Plan de acción
  • Recursos posteriores
Facilitación
ALUD Consulting LLC — Global Business Transformation.

Para quién es

  • Equipos donde cada área sostiene su propio registro de clientes, productos o inventario.
  • Directores que reciben cifras distintas de la misma cosa según quién las prepare.
  • Responsables de sistemas a quienes se les pide integrar sin que nadie haya definido qué manda.
  • Empresas que van a implantar una herramienta nueva sobre información que hoy vive en varios sitios.

Preguntas frecuentes

¿El taller construye o configura las conexiones entre nuestros sistemas?
No se escribe ninguna configuración ni se toca ningún sistema. Lo que se produce son las decisiones que tienen que estar tomadas antes de ese trabajo, y que cuando faltan convierten una integración en una fuente nueva de discrepancias.
¿Conviene integrar todo lo que hoy está separado?
No, y suele ser la conclusión más útil del taller. Algunas separaciones son razonables y basta con una reconciliación periódica que alguien tenga asignada. Integrar por principio añade dependencias que después hay que mantener sin que nadie las pidiera.
¿Sirve si nuestra información vive sobre todo en hojas de cálculo?
Sirve igual. Una hoja de cálculo es un registro como cualquier otro y el problema es el mismo: quién manda, quién corrige y qué se hace cuando dos versiones no coinciden. Lo que cambia es el medio, no la decisión que hay que tomar.
¿Tiene que asistir el área técnica?
Conviene que esté, pero no es quien decide. Las definiciones y la responsabilidad por campo las fijan las áreas que usan la información. Un taller con presencia técnica y sin las áreas operativas produce un mapa que nadie va a sostener.

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