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Programa ejecutivo · Transformación

Dirigir una transformación digital

Delegar una transformación al área de sistemas es la manera más segura de que no ocurra. La dirección viene de arriba: un portafolio acotado, dueños con nombre y una regla escrita para detener lo que no avanza.

Duración
16 horas
Modalidad
Presencial · Virtual
Participantes
De 6 a 14 participantes
Inversión
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La inversión depende del alcance, el número de participantes y la modalidad. Preparamos una propuesta sin compromiso.

El problema que resuelve

La decisión de transformar se anuncia casi siempre en una reunión de dirección y casi nunca se convierte en una asignación de autoridad. Se aprueba una intención, se nombra un responsable técnico y se da por hecho que la dirección seguirá dirigiendo la empresa mientras alguien más, en paralelo y con las mismas personas, la cambia.

Los síntomas aparecen pronto y se parecen entre sí. Las iniciativas avanzan hasta el punto en que hace falta decidir algo que no le corresponde al área técnica: quién aprueba ahora, qué deja de hacerse, cuál excepción se elimina, qué área cede una tarea que considera suya. Ahí se detienen y esperan. Las personas asignadas al cambio son las mismas que sostienen la operación diaria, y cuando la operación aprieta, el cambio cede. Nadie cancela nada de manera explícita: simplemente se posterga hasta que deja de mencionarse en las reuniones.

Lo que queda es una empresa con muchas iniciativas abiertas y ninguna cerrada, presupuesto consumido en trabajo a medias y un equipo que sacó una conclusión razonable sobre cómo terminan estos anuncios. La próxima vez que la dirección proponga un cambio, la organización escuchará con calma y esperará a ver si esta vez es distinto.

De qué trata

El programa trata la transformación como trabajo de dirección y no como un proyecto de sistemas. Se desarrolla en sesiones sucesivas con el equipo que decide y empieza por un inventario incómodo: todas las iniciativas abiertas hoy, con lo que ya consumieron, lo que todavía requieren y el nombre de quien responde por cada una. Con esa lista delante, el grupo separa lo que sostiene la dirección de la empresa de lo que ocupa capacidad sin sostener nada.

La segunda parte trabaja la capacidad de absorción, que es el límite que casi ningún plan reconoce. Mediante análisis de escenarios, los participantes estiman cuántas personas de la operación estarían ocupadas a la vez en cada secuencia posible, qué quedaría sin atender y en qué momento del año conviene no tocar nada. De ahí sale un orden defendible, con dependencias explícitas: qué tiene que existir antes de que la siguiente iniciativa pueda siquiera empezar.

La tercera parte instala la estructura de decisión. Se discute quién aprueba un cambio de alcance, quién resuelve un desacuerdo entre dos áreas, qué puede decidir el responsable de una iniciativa sin consultar y qué no. Una simulación gerencial pone al grupo frente a los conflictos habituales de un año de transformación: dos áreas que reclaman a la misma persona, una iniciativa que se atrasa sin culpables visibles y un costo interno que nadie había presupuestado. El grupo decide en la sala y después revisa qué regla estaba aplicando sin haberla escrito nunca.

El cierre se dedica a lo que casi nunca se acuerda antes de hacer falta: la regla para detener. Los participantes redactan el criterio que permite cerrar, reorientar o pausar una iniciativa, con las señales que lo activan y la persona que lo aplica, y lo prueban contra sus propias iniciativas actuales en un ejercicio de planificación de acciones. Salen con un portafolio ordenado, una estructura de decisión de una página y un calendario de revisión con agenda propia.

Qué aprenderán

  • Evaluar el portafolio de iniciativas abiertas hoy y determinar cuáles sostienen la dirección de la empresa y cuáles solo ocupan capacidad.
  • Priorizar las iniciativas según la capacidad de absorción de la operación y no según el entusiasmo con que se presentaron.
  • Diseñar la estructura de decisión de la transformación: quién aprueba, quién ejecuta, quién resuelve un desacuerdo y en qué plazo.
  • Desarrollar la regla escrita que permite detener, reorientar o cerrar una iniciativa sin que parezca un fracaso personal.
  • Aplicar un ritmo de revisión con fechas fijas y una agenda que obliga a decidir en lugar de informar.

Temario

  1. Qué distingue una transformación de un proyecto grande
  2. El portafolio: qué entra, qué sale y qué no empieza todavía
  3. Capacidad de absorción: cuánto cambio soporta la operación a la vez
  4. Autoridad y estructura de decisión mientras dura el cambio
  5. El costo interno: las horas de la operación que no aparecen en el presupuesto
  6. Ritmo de revisión: qué se mira, quién asiste y qué se decide
  7. Detener, reorientar o cerrar una iniciativa sin castigo
  8. Qué se le comunica a la organización y en qué momento

Con qué sale la organización

  • Un portafolio escrito de iniciativas de transformación, con dueño, secuencia y fecha de próxima revisión.
  • Una estructura de decisión de una página que indica quién aprueba qué y quién resuelve los desacuerdos.
  • Un criterio escrito para detener, reorientar o cerrar una iniciativa, acordado antes de necesitarlo.
  • Un calendario de revisión del portafolio con la agenda que se usará en cada sesión.

Detalles del programa

Formato
Programa ejecutivo
También disponible como
Jornada corporativa · Taller intensivo
Idiomas
Español · English
Incluye
  • Manual del participante
  • Plan de acción
  • Recursos posteriores
Facilitación
ALUD Consulting LLC — Global Business Transformation.

Para quién es

  • Dueños y directores generales que anunciaron una transformación y no ven movimiento fuera del área técnica.
  • Equipos de dirección que sostienen varias iniciativas abiertas a la vez y ninguna cerrada.
  • Directores de operaciones y de finanzas que financian el cambio y responden por la operación al mismo tiempo.
  • Gerentes de tecnología a quienes se les pidió tomar decisiones que corresponden a la dirección.

Preguntas frecuentes

¿Sirve si todavía no tenemos claro qué queremos transformar?
Sí, y suele ser el mejor momento para tomarlo. Buena parte del programa consiste precisamente en acotar el portafolio: qué entra, qué se descarta y qué se aplaza. Llegar con una lista larga de ideas sin ordenar es un punto de partida legítimo; llegar con un contrato ya firmado lo es menos.
¿Puede asistir el gerente de tecnología en representación de la dirección?
No conviene. Las decisiones que el programa produce son de autoridad y de asignación de personas, y quien no puede tomarlas se lleva un documento que nadie por encima firmó. Si la dirección no puede reservar el tiempo, es preferible esperar a que pueda.
¿El programa evalúa o recomienda sistemas para nuestra empresa?
No. Aquí no se comparan herramientas ni se revisan propuestas de suplidores. El programa ordena las decisiones que deben estar tomadas antes de esa conversación, y una empresa que sale con el portafolio claro conduce esa evaluación mucho mejor por su cuenta.
¿Tiene sentido para una empresa pequeña o está pensado para organizaciones grandes?
Tiene sentido cuando existe un equipo que decide, aunque sean tres personas. Lo que lo hace inútil no es el tamaño sino la ausencia de decisión compartida: si una sola persona aprueba todo y no hay nadie más a quien asignar iniciativas, el problema es otro.

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Trabajarlo dentro de la organización

Si este reto no se resuelve en una sesión, ALUD Consulting LLC lo trabaja como consultoría: consultoría gerencial, recursos humanos, estrategia, diseño organizacional, desarrollo de liderazgo y transformación empresarial.